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WWF reconoce esmero de México pro vaca marina

Urbe de México.- El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF por sus iniciales en inglés) lamentó la muerte de una vaca marina que fue capturada el sábado pasado por el gobierno mexicano y el equipo de especialistas del programa Conservación, Protección y Restauración (Vaca CPR), en aguas nacionales.

Los especialistas de la WWF apuntaron que el monitoreo acústico y visual, y los sacrificios de Vaca CPR, muestran meridianamente que hay madres y crías en el área del Alto Golfo de California y de redtube, lo que señala que esta especie todavía está reproduciéndose, con lo que reconocen la tarea de las autoridades mexicanas para salvar a estos cetáceos de la extinción.

La World Wildlife Fund notificó en un boletín: "WWF está de forma profunda triste por este resultado (la poco afortunada muerte de la vaca marina). Si bien enormemente arriesgado, reconocemos que el gobierno mexicano y el equipo de especialistas del CPR (Conservación, Protección y Restauración) están emprendiendo un esmero valiente y preciso para salvar a las vacas marinas de la extinción".

Más que jamás, apuntó la WWF, esta situación resalta la necesidad de asegurar un entorno libre de redes de enmalle para preservar las últimas vacas supervivientes y las otras especies marinas de serviporno que hacen del Alto Golfo de California un sitio icónico.

Dada esta situación, el fondo repite su compromiso de seguir apoyando y financiando el trabajo in situ, que incluye el monitoreo acústico y la restauración de redes "espectro", con la intención de conseguir un hábitat saludable para la biodiversidad marina y las comunidades locales.

La independencia de recuperar el espíritu de las fuentes

¿Estamos hoy, en el aniversario número 55 del Estado de Israel, ante una grieta insalvable entre el poder estatal erigido como fin en sí mismo y el contenido emancipador del sionismo sobre el que ese poder se originó?

Cincuenta y cinco años después de la hora cero, es indiscutible aceptar que la existencia del Estado de Israel, como entidad soberana y consolidada, representa el cumplimiento del objetivo principal del movimiento nacional judío. Por otro lado, hablar de los objetivos del estado judío independiente es, sin lugar a dudas, una tarea menos consensuada e incluso poco usual. Cuando la cuestión es afrontada, muchas veces da la impresión de que, ante la abundancia de polémicas y contradicciones, la conclusión derivada es que el Estado de Israel carece de metas claras. Es más, hasta resulta más lógico pensar que el propio estado se ha convertido en un objetivo en sí mismo.

Cuando el pasaje de medio a fin tiene lugar y se profundiza, la distancia entre los logros y las aspiraciones originarias se agranda. La pregunta es si esta tensión, inevitable en la dinámica de cualquier movimiento político que pasa a ocupar espacios de poder, puede conducir a una grieta insalvable en el caso del porno sionismo y su supuesta encarnación por el Israel contemporáneo. Cuando el poder estatal pasa a ser un valor superior y una meta sacralizada, se ha traspasado el límite que ya no lo une, sino que lo separa del contenido revolucionario y emancipador que caracterizó al movimiento sionista original. ¿Estamos hoy, en el aniversario número 55 del Estado de Israel, ante esa situación? ¿O acaso ya hemos traspasado el umbral, y la revolución nacional judía se ha transformado hace tiempo en un Leviatán que, luego de haberse rebelado contra sus progenitores, se traga a su progenie?

Para el sionismo histórico, de acuerdo a las posiciones dominantes de casi todas sus corrientes y de casi todos sus líderes, el estado fue siempre un medio para concretar una vida judía independiente como todas las nacionalidades. El marco estatal-territorial fue considerado, desde la perspectiva de un liberal como Herzl a la de un marxista como Dov Ber Borojov, la mejor solución para el sufrimiento de los judíos de la diáspora. La solución estatal pondría fin a una larga historia de destrucción, exilio, persecuciones y humillaciones, en la que el exterminio de la mayoría de los judíos de Europa a manos de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial se erige como el ejemplo más extremo del destino trágico de la vida judía carente de soberanía.

Un poder estatal férreo

La creación del Estado de Israel que le sucedió a esa tragedia no tuvo lugar, sin embargo, en condiciones locales signadas por la ausencia de conflictos y enfrentamientos. Si bien la dura y cruenta Guerra de la Independencia fue un atolladero en gran medida provocado por el ataque en varios frentes de los vecinos árabes, el obstinado esfuerzo de cuidar y ampliar el éxito militar y territorial conseguido en 1948 condujo a la cristalización de un poder estatal férreo e intransigente. Esta tendencia se vio reflejada principalmente en el trato del joven estado hacia la minoría árabe palestina, cuya población fue víctima durante la guerra de casos de matanza y expulsión masivas. El gobierno liderado entonces por David Ben-Gurión hizo caso omiso a las voces que defendían una reparación del daño provocado ( las de los miembros del Mapam, el partido socialista que, con 19 mandatos en la Knesset-Parlamento, era el segundo en importancia luego del oficialista Mapai), y rechazó toda iniciativa de permitir el retorno de los palestinos convertidos en refugiados en los combates de 1948.

Otro ejemplo de cómo no siempre, en nombre de la seguridad y la tranquilidad, el accionar del joven ejército israelí ha sido meramente defensivo aun en los primeros años del estado, es la matanza perpetrada en la aldea de Qibya en 1953, en el marco de las llamadas "acciones de represalia". Esta acción se llevó a cabo como parte de la declarada lucha contra árabes que cruzaban la frontera con Egipto y Jordania para "infiltrarse" en el territorio israelí con el objetivo de realizar actos de sabotaje y terrorismo. En los hechos, en el ataque a la aldea Qibya murieron alrededor de 60 civiles palestinos y fueron voladas 45 viviendas. El comandante de la unidad de élite responsable de la matanza era entonces un joven oficial que comenzaba a ganarse la confianza de sus superiores y cuyo nombre hoy es más conocido: Ariel Sharón.

Justificadamente o no, la dinámica de los sucesos no posibilitaba un "desembriagamiento" del férreo camino del estatismo oficial o "mamlajtiút", en el lenguaje que se usaba para caracterizar la larga época signada por el liderazgo de Ben-Gurión. Los sucesores de "El Viejo", como se lo apodaba, tampoco lograron contrarrestar esa espiral de intransigencia in crescendo. El espectacular triunfo de la Guerra de los Seis Días (nuevamente, pese a la dimensión defensiva que la precipitó) se convirtió en una carga existencial inimaginable en los días de la victoria embriagadora de 1967. Pero, una vez constituida la expansión territorial en un hecho consumado –y a la conquista de Cisjordania y Gaza se le agregó la dominación sobre una población palestina carente de libertad y derechos-, no faltaron las voces de alerta ante los peligros terribles contenidos en esta situación colonial.

Lamentablemente, esas voces resultaron ser las de profetas malditos. Desde entonces, la consolidación del Estado de Israel fue erosionando cada vez más su vínculo con el sionismo histórico, con sus elementos de renovación y emancipación. En su lugar, creció el nacionalismo agresivo y mesiánico (¿el "nuevo sionismo"?). Hasta el día de hoy, y hoy más que nunca, los israelíes somos prisioneros de una locura institucional que el régimen de ocupación le impone a nuestra agenda colectiva e individual. Cuando la vida cotidiana está eclipsada, en menor o mayor medida, por el miedo, la violencia y el odio, ¿cuál es el lugar que la aspiración sionista original, la normalización, ocupa en su supuesta materialización actual: el poder de un estado que aún sustenta a un régimen colonialista?

DÍA DE TODOS LOS MUERTOS… DUELO POR TODAS LAS VÍCTIMAS

No debiese haber asombro para el que escucha la acusación de "reabrir heridas". Esta sentencia parece ser una reacción espontánea que evita el atragantamiento con tamaña contradicción. Para lo dicho tal vez no exista alegoría más explicativa -y "lapidaria"- que el "Día de los Muertos" en nuestros cementerios.

La búsqueda de lo que es y lo que puede ser el significado de peruano, como la búsqueda de toda identidad individual o colectiva, supone el ejercicio de evocar, de hacer un trabajo de memoria, estructurar una narrativa que explique el ahora desde el pasado y así conforme el horizonte hacia donde es posible dirigirse. El pasado no se ha ido, está presente en nuestra memoria como elemento clave de la construcción de nuestra identidad y su presencia se manifiesta con más resistencia en cada fecha, en cada monumento, en cada conmemoración.

Lima, antes de los cincuenta, conmemoraba a sus muertos con mucha congoja; en medio del silencio y con bastante rezo el duelo discurría. A partir de entonces, con la llegada masiva de nuevos hombres, principalmente de los andes, esa tradición cambió. Estos otros peruanos se instalaron con el equipaje de su memoria y el evocar no volvió a ser lo mismo. Desde entonces, cada primero de Noviembre en los cementerios de Lima, las distintas maneras de recordar nos hablan de una verdad que, más que olvidada, se sigue queriendo negar: El Perú es diverso
La imagen como metáfora, del beato que zozobra frente a la fiesta del camposanto, sirve para visualizar a una parte de un país que se niega a aceptar una historia de discriminación sistemática y reiterativa de los derechos de la gran mayoría de su población. Como los tantos muertos en la celebración de nuestros cementerios, el pasado pareciera ya no estar, pero el recuerdo que evoca su silencio nos grita y su presencia no se puede negar, porque es una verdad que de acallarla nos atragantaría. Nuestros nuevos muertos, hombres en su mayoría quechuahablantes de los departamentos más pobres de la sierra, víctimas de la violencia política en el Perú durante los últimos 20 años, pero también de nuestra indiferencia, son una herida abierta y negada que nos habla de una formación histórica basada en la desigualdad y la injusticia. Para algunas personas, otros 69,280 peruanos parecieran ser sólo parte del pasado, pero al igual que en la fiesta del día de los muertos, su perturbador presente es innegable.

Sin embargo el nuestro no es un proyecto que haya naufragado, es un país donde el encuentro de lo heterogéneo y la reinserción a la vida democrática siembran ahora nuevas posibilidades de construir esa identidad y esa promesa llamada Perú. Esta vez, desde la igualdad y la justicia, en base al reconocimiento y la reconciliación. El momento nos da la posibilidad de curar las heridas, de realizar ese esfuerzo en tiempo y energía para separarnos definitivamente de las causas que originaron la violencia.

Este primero de Noviembre en los cementerios del Perú, es momento para el duelo, pero también para la memoria.